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Nico Rosberg

Cada Rolex tiene una historia que contar

Nico Rosberg siguió los pasos de su padre, Keke, al proclamarse campeón mundial de Formula 1®. De pequeño le dijeron que el verdadero récord de un gran legado automovilístico era ganar el Monaco Grand Prix y proclamarse campeón mundial de F1®: él consiguió ambas cosas. Rosberg recuerda las emociones que sintió en 2013 cuando cruzó la bandera a cuadros en Mónaco por primera vez, 30 años después que su padre. Su Rolex es un recordatorio constante de haber logrado uno de sus mayores sueños.

Every Rolex Tells a Story — Nico Rosberg

«Una vez, cuando volvíamos a casa después de una carrera, mi padre me dijo: “Nico, si quieres dejar un gran legado en el automovilismo, tienes que conseguir dos cosas: ganar el Monaco Grand Prix y convertirte en campeón mundial”».

Empecé a hacer karting con cuatro años. Era un biplaza, por lo que mi padre controlaba el acelerador y el freno y yo el volante. Mi padre fue una gran inspiración porque crecí viéndolo competir. Era tan impactante: los coches, el ambiente, la adrenalina, el público animando, las competiciones, la tecnología, la victoria…

Una vez, cuando volvíamos a casa después de una carrera, mi padre me dijo: «Nico, si quieres dejar un gran legado en el automovilismo, tienes que conseguir dos cosas: ganar el Monaco Grand Prix y convertirte en campeón mundial».

«Cruzar la línea de meta y ganar el Monaco Grand Prix ese año fue una de las experiencias más increíbles que tendré en toda mi vida.»

Ser el hijo de un campeón mundial de Formula 1® me lo facilitó de alguna manera, aunque a su vez resultó más difícil por la enorme atención que centraban en mí de pequeño. Nunca pensé necesariamente que había nacido para competir porque nunca tuve mucha confianza en mí mismo. Aunque, en retrospectiva, eso fue algo bueno. Me motivó a esforzarme por ser la mejor versión de mí mismo.

En 2013 tuvimos un año genial como equipo: comencé a tener algunas primeras posiciones en la parrilla de salida, conseguimos algunos podios… Y aun así, de camino a Mónaco, no pensábamos que fuera posible una victoria. Sin embargo, era imparable.

Cruzar la línea de meta y ganar el Monaco Grand Prix ese año fue una de las experiencias más increíbles que tendré en toda mi vida. Recuerdo que gritaba a viva voz con el casco puesto, loco de alegría en el coche, conectando la radio del equipo exclamando: «¡Lo conseguimos!». La combinación de todo esto y el poder compartirlo con mi familia y amigos que estaban allí presentes hizo que fuera aún más importante. Gané el Monaco Grand Prix exactamente 30 años después que mi padre, y estoy muy orgulloso de lo que mi padre ha logrado.

De hecho, compré este reloj el lunes después de la carrera. En mayo de 2013, decidí el regalo de boda que le iba a comprar a mi mujer: un Daytona en oro rosa. Pero estaba tan concentrado en el Monaco Grand Prix que decidí hacerlo tras la carrera… Sin imaginarme que la ganaría. Así que al día siguiente, en un momento de tranquilidad, salí corriendo de casa y fui a la boutique Rolex.

Reloj Rolex de Paul Cayard

«Este reloj simboliza mi gran época en el Monaco Grand Prix. Este fue el inicio, la primera de tres victorias. Para mí es uno de los grandes logros de toda mi carrera.»

Me acerqué al reloj de mi mujer y al mirar a la derecha, vi el Submariner verde, un reloj que siempre me ha fascinado. Volví a mirar y en aquel momento pensé: «Nico, acabas de hacer realidad uno de tus mayores sueños: ganar la carrera de Mónaco. Es hora de que te recompenses con un regalo increíble». Y así compré sendos relojes.

Soy una persona muy conservadora, por lo que esta fue una ocasión excepcional y posiblemente este reloj sea el único que me haya comprado. Para mí, fue un momento irrepetible. Este reloj simboliza mi gran época en el Monaco Grand Prix. Este fue el inicio, la primera de tres victorias. Para mí es uno de los grandes logros de toda mi carrera, y una parte muy importante de mi legado a la Formula 1®.